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Tuesday, January 14, 2014

Los Apurados

 
Los apurados son los que viven a mil kilómetros por hora tratando de ganarle la carrera al reloj y lograr tachar todo lo que tienen anotado en la agenda.  Incluso, aunque no tengan tareas urgentes que hacer, se inventan ocupaciones porque lo que les sucede realmente es que no pueden disfrutar del relax, de los espacios vacíos de actividades ni de las relaciones personales.

Estas personas siempre están cansadas presionadas e intranquilas; suelen sufrir de dolores articulares crónicos, de problemas digestivos, alta presión arterial y alto nivel de colesterol, están siempre pensando en el futuro, no prestan atención a lo que está ocurriendo en el presente y su premura los pone agresivos y hostiles.

La filosofía de occidente exige ser eficaz, productivo y rápido en el trabajo y apurarse también en el hogar para no perder el control, haciendo que el momento presente no se disfrute porque siempre se está pensando en otra cosa.

De este modo, la vida de los apurados pasa a su lado casi sin darse cuenta y sin poder relajarse ni saborear los buenos momentos.

Vivimos en una sociedad que prioriza el hacer más que el ser y en donde la gente se enorgullece de hacer dos o tres cosas al mismo tiempo.

Se desarrolla así la personalidad tipo “A”, que se caracteriza por la hiperactividad y el comportamiento acelerado para todo, para comer, para trabajar, para caminar, para pensar, para hacer el amor y hasta para dormir porque tienden a levantarse temprano y acostarse muy tarde.

Para la persona hiperactiva,  toda actividad no productiva no tiene valor, porque es ambiciosa y necesita conseguir resultados.  Todo lo que tiene que hacer es urgente porque no puede esperar, es impaciente, perfeccionista y tiende a controlar a los demás.  Sus movimientos y su andar son rápidos y hasta su metabolismo es acelerado.

Su eficacia hace que asuma más responsabilidades de las que le competen, sobrecargándose de trabajo y de obligaciones que la mantienen ocupada todo el tiempo.

Las personas veloces e hiperactivas hablan rápido pero prestan poca atención a lo que dicen los demás, suelen interrumpir las conversaciones para dar su opinión y si no pueden intervenir pierden el interés y piensan en otra cosa.  Evitan el descanso, alargan la jornada laboral varias horas, se llevan trabajo a casa y por lo general no tienen tiempo para tomarse vacaciones.

Están cansados pero no se dan cuenta porque no prestan atención a las señales de agotamiento o cansancio.

Las personas aceleradas son competitivas y para ellas, toda actividad representa un desafío.  Se anticipan a los acontecimientos y tratan de prevenir todos los posibles contratiempos. Se alteran fácilmente, principalmente con las personas que  no se apuran, son intolerantes, impacientes y muy exigentes.

Tienen sus agendas repletas pero no pueden delegar ninguna tarea porque no confían en nadie.  Cuando manejan, se irritan con los problemas del tránsito y tocan bocina aunque sea obvio que nadie pueda avanzar.  Nunca pueden dejar de pensar en su trabajo, se sienten culpables cuando descansan, tienden a planificar más tareas de las que pueden realizar y se sienten frustrados si no las cumplen.

Estas personas hiperactivas tienen hasta tres veces más probabilidades de sufrir un ataque cardiaco, de padecer enfermedades psicosomáticas, ataques de ansiedad y fobias.
Se puede revertir este modo de ser dejando de actuar en forma automática y tomando conciencia de la forma en que se comportan, apagando el celular en las horas de descanso, aprendiendo a disfrutar del tiempo libre, haciendo meditación y dejando de competir con los otros, porque la verdadera competencia es con uno mismo, 

Malena
 

Friday, June 15, 2012

El Stress (laguia2000)


El stress normal es una reacción natural frente al peligro, el cuerpo y la mente se preparan para la acción, luchar o escapar. Nos ayuda a adaptarnos y nos protege de los cambios.

El stress crónico es un estado de alarma permanente; o sea cuando la luz roja del peligro inminente no se apaga nunca.

La forma de enfrentar los problemas de la vida, como las pérdidas, los abandonos, las enfermedades, los fracasos, los divorcios, las mudanzas, son algunos de los factores que producen stress.

No todas las personas responden de la misma manera frente a las dificultades, de manera que no es tanto lo que nos ocurre sino cómo lo vivimos.

Más que a los problemas es el miedo a los problemas, a las pérdidas, a las enfermedades, al fracaso, a la muerte.

Significa que tener stress es principalmente tener miedo, miedo al futuro, a lo que pueda pasar.

El miedo es un instinto básico y también se puede aprender a tener miedo en un ambiente aprensivo.

Has dos tipos de personalidad con tendencia a sufrir stress crónico, la personalidad obsesiva y la competitiva o tipo “A”.

Las características de la personalidad obsesiva son:

el control: necesidad de no dejar cabos sueltos, de controlar las cosas y a los demás.

la seguridad: creencia de lograr estar siempre seguro y no correr riesgos.
el poder: placer en manejar, ordenar, tomar decisiones.

el perfeccionismo: es la autoexigencia extrema y pretender lo mismo de los otros.

El carácter obsesivo produce ansiedad, fobias y ataques de pánico.

Las características de la personalidad competitiva o tipo “A” son:

la competencia: necesidad de compararse con el otro para superarlo.

la hiperactividad: hacer varias cosas al mismo tiempo, apurarse en todo, no poder estar ocioso ni descansar. Trabajo compulsivo.

la audacia: el placer en asumir riesgos, vivir al límite.

el liderazgo: ser el primero siempre, ocupar lugares destacados, jerarquías altas.

los desafíos: cada situación se vive como un desafío para demostrar superioridad.

la ambición: nunca está satisfecho

El carácter competitivo produce principalmente hipertensión y enfermedades cardíacas.

Mientras la personalidad con rasgos obsesivos lucha consigo mismo para probarse, la personalidad competitiva lucha contra los demás para destacarse.

La necesidad de aparentar lo que no somos, mantener una situación económica insostenible, alternar con personas de más nivel y exigirse ser y tener más que los otros, produce stress crónico.

El Stress crónico disminuye las defensas inmunológicas dejando a las personas expuestas a cualquier tipo de enfermedades.

Comienza con alteraciones funcionales de los órganos que más tarde se pueden convertir en daños orgánicos.

Además, tiene influencia sobre el sistema endócrino modificando y hasta anulando la secreción de hormonas, llegando en muchos casos a interrumpir el ciclo menstrual.

Son muy comunes en estos estados las alteraciones del sueño, del apetito y del carácter.

Las técnicas de relajación, respiración y meditación son eficaces para combatir el stress.

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