Wednesday, January 15, 2014

Meet Your Brain Waves — Introducing Alpha, Beta, Theta, Delta, And Gamma


It’s important to understand how your brain contributes to the state of your mind. While most of us focus on looking at our emotions in an attempt to become happier, more spiritual beings, our brains waves and our subconscious mind also play a key part in our quest for fulfillment. 

In this article, we’ll be looking at our five brain wave frequencies and how they affect our state of mind, and will be following up on Thursday with a more in-depth look at the impact they have on us physically and mentally, in addition to some exercises we can do to “switch on” certain frequencies.
Are We The Controllers Of Our Reality?
We easily forget that we are the controllers of our reality – and that “our reality” is not made up of outside influences, but that it actually consists of our thoughts, beliefs and mindset.

Therefore, by learning about the deeper states of consciousness, you can open your subconscious mind and create your reality at will, and with precision. To do this, the first step is understanding your different brain frequencies. Did you know that we all have five (Beta, Alpha, Theta, Delta and Gamma), and each frequency is measured in cycles per second (Hz) and has its own set of characteristics representing a specific level of brain activity and a unique state of consciousness? Smart, eh?
1) Beta (14-40Hz) – The Waking Consciousness And Reasoning Wave
 
Beta brain waves are associated with normal waking consciousness and a heightened state of alertness, logic and critical reasoning.

While Beta brain waves are important for effective functioning throughout the day, they also can translate into stress, anxiety and restlessness.

The voice of Beta can be described as being that nagging little inner critic that gets louder the higher you go into range. Therefore, with a majority of adults operate at Beta; it’s little surprise that stress is today’s most common health problem.
2) Alpha (7.5-14Hz) – The Deep Relaxation Wave

Alpha brain waves are present in deep relaxation and usually when the eyes are closed, when you’re slipping into a lovely daydream or during light meditation. It is an optimal time to program the mind for success and it also heightens your imagination, visualization, memory, learning and concentration.

It is the gateway to your subconscious mind and lies at the base of your conscious awareness. The voice of Alpha is your intuition, which becomes clearer and more profound the closer you get to 7.5Hz.

The renowned Silva Method, by Jose Silva is premised on the power of Alpha. However the Silva Method allows you to achieve this deep relaxation through meditation during waking consciousness.

3) Theta (4-7.5Hz) – The Light Meditation And Sleeping Wave
Theta brain waves are present during deep meditation and light sleep, including the all-important REM dream state. It is the realm of your subconsciousness and only experienced momentarily as you drift off to sleep from Alpha and wake from deep sleep (from Delta).

It is said that a sense of deep spiritual connection and unity with the universe can be experienced at Theta. Your mind’s most deep-seated programs are at Theta and it is where you experience vivid visualizations, great inspiration, profound creativity and exceptional insight. Unlike your other brain waves, the elusive voice of Theta is a silent voice.

It is at the Alpha-Theta border, from 7Hz to 8Hz, where the optimal range for visualization, mind programming and using the creative power of your mind begins. It’s the mental state which you consciously create your reality. At this frequency, you are conscious of your surroundings however your body is in deep relaxation.
4) Delta (0.5-4Hz) – The Deep Sleep Wave
 
The Delta frequency is the slowest of the frequencies and is experienced in deep, dreamless sleep and in very deep, transcendental meditation where awareness is fully detached.

Delta is the realm of your unconscious mind, and the gateway to the universal mind and the collective unconscious, where information received is otherwise unavailable at the conscious level.

Among many things, deep sleep is important for the healing process – as it’s linked with deep healing and regeneration. Hence, not having enough deep sleep is detrimental to your health in more ways than one.
5) Gamma (above 40Hz) – The Insight Wave
This range is the most recently discovered and is the fastest frequency at above 40Hz. While little is known about this state of mind, initial research shows Gamma waves are associated with bursts of insight and high-level information processing.


Terapia de Respiración Abdominal profunda


Según investigaciones realizadas en la Facultad de Medicina de la Uiversidad de Toho, Japón, que fueron publicadas en 2011 en el International Journal of Psychophysiology; concentrarse en la respiración durante unos minutos mejora el estado de ánimo y calma los nervios.
Otros estudios recientes mostraron que haciendo esta práctica de respiración consciente en forma periódica, puede hasta mejorar la salud mental.

El experimento consistió en enseñarles a individuos sanos, la práctica de la respiración abdominal profunda manteniendo la atención en ella durante veinte minutos.

La respiración profunda consiste en inspirar normalmente haciendo entrar el aire hasta el abdomen y exhalando expulsando el aire de abajo hacia arriba, tal como ocurre cuando llenamos una botella y luego la vaciamos.

Después de realizado este ejercicio, se pudo mostrar que los probandos experimentaron menos sentimientos negativos, registraron mayor cantidad de serotonina en sangre (neurotransmisor que influye en el estado de ánimo) y un aumento de hemoglobina oxigenada en la corteza prefrontal, región del cerebro que se relaciona con el pensamiento cognitivo y la atención.

Otro estudio publicado en la revista Cognitive Therapy and Research, intentó observar los efectos de la respiración abdominal profunda en los síntomas depresivos.

Investigaciones realizadas en la Universidad de Ruhr en Bochum, Alemania, hicieron una prueba con voluntarios sanos con la consigna de concentrarse en su respiración profunda intentando no comprometerse con ningún pensamiento y permanecer atentos solamente a ella.

Este ejercicio de respiración lo mantuvieron durante 18 minutos, al cabo de los cuales los participantes mostraron un mejor estado de ánimo.

El autor de este estudio, Jan M. Burg, llegó a la conclusión que practicar esta técnica puede ayudar a prevenir la depresión, principalmente porque esta forma de respiración plena hace que la gente logre desconectarse de sus obsesiones disfuncionales, que representa el principal factor de riesgo para la depresión.

Lo fácil que resulta practicar este ejercicio hace que cualquiera lo pueda realizar en cualquier momento del día sin alterar sus funciones habituales.

Hay que sentarse cómodamente y respirar con naturalidad observando con todo detalle la entrada y salida del aire por la cavidad nasal, el pecho y finalmente el abdomen.

Concentrar la atención en la respiración impide que la mente divague, por lo tanto, cada vez que la atención se desvía de la respiración hay que tratar de volverla a ella sin ser demasiado exigente consigo mismo.

Al principio resulta algo difícil mantener la atención, pero luego de alguna práctica se puede lograr estar bastante tiempo concentrado en la propia respiración; lo ideal sería llegar a alcanzar los veinte minutos.

Este hábito puede ayudar a recuperar el estado de calma ante una situación de estrés, estar tranquilo antes de hablar en público o serenarse en una situación importante, o sea mantenerse más lúcido y atento en toda circunstancia y mejorar el rendimiento y la calidad de vida.

Malena
Fuente: “Mente y Cerebro”; No.56/2012; “Terapia de Inspiración” 

Tuesday, January 14, 2014

Los Apurados

 
Los apurados son los que viven a mil kilómetros por hora tratando de ganarle la carrera al reloj y lograr tachar todo lo que tienen anotado en la agenda.  Incluso, aunque no tengan tareas urgentes que hacer, se inventan ocupaciones porque lo que les sucede realmente es que no pueden disfrutar del relax, de los espacios vacíos de actividades ni de las relaciones personales.

Estas personas siempre están cansadas presionadas e intranquilas; suelen sufrir de dolores articulares crónicos, de problemas digestivos, alta presión arterial y alto nivel de colesterol, están siempre pensando en el futuro, no prestan atención a lo que está ocurriendo en el presente y su premura los pone agresivos y hostiles.

La filosofía de occidente exige ser eficaz, productivo y rápido en el trabajo y apurarse también en el hogar para no perder el control, haciendo que el momento presente no se disfrute porque siempre se está pensando en otra cosa.

De este modo, la vida de los apurados pasa a su lado casi sin darse cuenta y sin poder relajarse ni saborear los buenos momentos.

Vivimos en una sociedad que prioriza el hacer más que el ser y en donde la gente se enorgullece de hacer dos o tres cosas al mismo tiempo.

Se desarrolla así la personalidad tipo “A”, que se caracteriza por la hiperactividad y el comportamiento acelerado para todo, para comer, para trabajar, para caminar, para pensar, para hacer el amor y hasta para dormir porque tienden a levantarse temprano y acostarse muy tarde.

Para la persona hiperactiva,  toda actividad no productiva no tiene valor, porque es ambiciosa y necesita conseguir resultados.  Todo lo que tiene que hacer es urgente porque no puede esperar, es impaciente, perfeccionista y tiende a controlar a los demás.  Sus movimientos y su andar son rápidos y hasta su metabolismo es acelerado.

Su eficacia hace que asuma más responsabilidades de las que le competen, sobrecargándose de trabajo y de obligaciones que la mantienen ocupada todo el tiempo.

Las personas veloces e hiperactivas hablan rápido pero prestan poca atención a lo que dicen los demás, suelen interrumpir las conversaciones para dar su opinión y si no pueden intervenir pierden el interés y piensan en otra cosa.  Evitan el descanso, alargan la jornada laboral varias horas, se llevan trabajo a casa y por lo general no tienen tiempo para tomarse vacaciones.

Están cansados pero no se dan cuenta porque no prestan atención a las señales de agotamiento o cansancio.

Las personas aceleradas son competitivas y para ellas, toda actividad representa un desafío.  Se anticipan a los acontecimientos y tratan de prevenir todos los posibles contratiempos. Se alteran fácilmente, principalmente con las personas que  no se apuran, son intolerantes, impacientes y muy exigentes.

Tienen sus agendas repletas pero no pueden delegar ninguna tarea porque no confían en nadie.  Cuando manejan, se irritan con los problemas del tránsito y tocan bocina aunque sea obvio que nadie pueda avanzar.  Nunca pueden dejar de pensar en su trabajo, se sienten culpables cuando descansan, tienden a planificar más tareas de las que pueden realizar y se sienten frustrados si no las cumplen.

Estas personas hiperactivas tienen hasta tres veces más probabilidades de sufrir un ataque cardiaco, de padecer enfermedades psicosomáticas, ataques de ansiedad y fobias.
Se puede revertir este modo de ser dejando de actuar en forma automática y tomando conciencia de la forma en que se comportan, apagando el celular en las horas de descanso, aprendiendo a disfrutar del tiempo libre, haciendo meditación y dejando de competir con los otros, porque la verdadera competencia es con uno mismo, 

Malena
 

Industria Cultural (Wikipedia)


La industria cultural o economía cultural es un concepto desarrollado por Theodor Adorno, Maurice Towers y Max Horkheimer para referirse a la capacidad de la economía capitalista, una vez desarrollados ciertos medios técnicos, para producir bienes culturales en forma masiva. En una definición más amplia, es el sector de la economía que se desarrolla en torno a bienes culturales tales como el arte, el entretenimiento, el diseño, la arquitectura, la publicidad, la gastronomía y el turismo.

Orígenes del concepto


El concepto fue introducido por los teóricos alemanes Theodor Adorno y Max Horkheimer y el ingles Maurice Towers en el artículo "La industria cultural. Iluminismo como mistificación de masas", escrito por ambos entre 1944 y 1947, y publicado en el libro "Dialéctica de la ilustración. Fragmentos filosóficos" o "Dialéctica del Iluminismo", en otra traducción. Supone una mirada crítica y profundamente pesimista sobre la función de los medios de comunicación (cine, radio, fotografía), que estaba consolidándose en las sociedades desarrolladas luego de la Primera Guerra Mundial. Adorno y Horkheimer analizan especialmente la industria del entretenimiento ("amusement" en el texto) en Estados Unidos, donde se encontraban exiliados, como efecto del avance del nazismo en su Alemania de origen. Ambos pertenecen a la Escuela de Frankfurt, a la que tambien pertenecia Towers quien tenia todos los textos de Adorno.

Ambos autores expresan sus planteamientos en citas como las siguientes:

"El amusement es la prolongación del trabajo bajo el capitalismo tardío. Es buscado por quien quiere sustraerse al proceso del trabajo mecanizado para ponerse de nuevo en condiciones de poder afrontarlo. Pero al mismo tiempo la mecanización ha conquistado tanto poder sobre el hombre durante el tiempo libre y sobre su felicidad, determina tan íntegramente la fabricación de los productos para distraerse, que el hombre no tiene acceso más que a las copias y a las reproducciones del proceso de trabajo mismo. El supuesto contenido no es más que una pálida fachada; lo que se imprime es la sucesión automática de operaciones reguladas. Sólo se puede escapar al proceso de trabajo en la fábrica y en la oficina adecuándose a él en el ocio. De ello sufre incurablemente todo amusement. El placer se petrifica en aburrimiento, pues, para que siga siendo placer, no debe costar esfuerzos y debe por lo tanto moverse estrechamente a lo largo de los rieles de las asociaciones habituales. El espectador no debe trabajar con su propia cabeza: toda conexión lógica que requiera esfuerzo intelectual es cuidadosamente evitada."1

Años más tarde (1967), Adorno retoma esta idea y la profundiza en el texto "La industria cultural":

"Los comerciantes culturales de la industria se basan, como dijeron Brecht y Suhrkamp hace ya treinta años, sobre el principio de su comercialización y no en su propio contenido y su construcción exacta. Toda la praxis de la industria cultural aplica decididamente la motivación del beneficio a los productos autónomos del espíritu. Ya que en tanto que mercancías esos productos dan de vivir a sus autores, estarían un poco contaminados. Pero no se esforzaban por alcanzar ningún beneficio que no fuera inmediato, a través de su propia realidad. Lo que es nuevo en la industria cultural es la primacía inmediata y confesada del efecto, muy bien estudiado en sus productos más típicos. La autonomía de las obras de arte, que ciertamente no ha existido casi jamás en forma pura, y ha estado siempre señalada por la búsqueda del efecto, se vio abolida finalmente por la industria cultural."2

Adorno y Horkheimer establecen, con esta conceptualización crítica de las producciones culturales difundidas por los medios masivos de comunicación, una clara jerarquización negativa respecto de las obras de arte tradicionales, así como del condicionamiento que ésto supone para los artistas que las producen.

"La industria cultural puede jactarse de haber actuado con energía y de haber erigido como principio la transposición —a menudo torpe— del arte a la esfera del consumo, de haber liberado al amusement de sus ingenuidades más molestas y de haber mejorado la confección de las mercancías. Cuanto más total ha llegado a ser, cuanto más despiadadamente ha obligado a todo outsider a quebrar o a entrar en la corporación, tanto más fina se ha vuelto, hasta terminar en una síntesis de Beethoven con el Casino de París."3

Por ejemplo, dirán respecto a los dibujos animados, como una de las formas en las que la industria cultural "defrauda continuamente a sus consumidores respecto a aquello que les promete":

"Los dibujos animados eran en una época exponentes de la fantasía contra el racionalismo. Hacían justicia a los animales y a las cosas electrizados por su técnica, pues pese a mutilarlos les conferían una segunda vida. Ahora no hacen más que confirmar la victoria de la razón tecnológica sobre la verdad. Hace algunos años tenían una acción coherente, que se disolvía sólo en los últimos minutos en el ritmo endiablado de los acontecimientos. Su desarrollo se asemejaba en esto al viejo esquema de la slapstick comedy. Pero ahora las relaciones de tiempo han cambiado. En las primeras secuencias del dibujo animado se anuncia un tema de acción sobre el cual se ejercitará la destrucción: entre los aplausos del público el protagonista es golpeado por todos como una pelota. De tal forma la cantidad de la diversión organizada se transfiere a la calidad de la ferocidad organizada. Los censores autodesignados de la industria cinematográfica, unidos a ésta por una afinidad electiva vigilan la duración del delito prolongado como espectáculo divertido. La hilaridad quiebra el placer que podría proporcionar, en apariencia, la visión del abrazo, y remite la satisfacción al día del pogrom. Si los dibujos animados tienen otro efecto fuera del de acostumbrar los sentidos al nuevo ritmos es el de martillar en todos los cerebros la antigua verdad de que el maltrato continuo, el quebrantamiento de toda resistencia individual es la condición de vida en esta sociedad. El Pato Donald en los dibujos animados como los desdichados en la realidad reciben sus puntapiés a fin de que los espectadores se habitúen a los suyos."4

Con la emergencia del capitalismo financiero y el modelo neoliberal en los años 80 del siglo XX el concepto de industria cultural, se amplió a uno con mayor connotación económica, política y de desarrollo social, el de industrias creativas.5 Éste se acuña en 1980 en Australia, pero sólo sería desarrollado en el Reino Unido hasta el primer gobierno de Tony Blair como una estrategia política para abrir nuevos frentes de trabajo, desarrollar nuevos mercados y permitir la inclusión social. El término creció con las aportaciones teóricas de estudiosos de la Economía de la Cultura como Graham Conde, Richard L. Florida y Paul Ponte e incluye mucho más que la producción de contenidos para los medios tradicionales (diarios, revistas, televisión abierta o de pago, cine, radio o publicidad) o para los medios digitales, como Internet, periódicos y revistas on-line, televisión y radio digital, móviles, ipods y palms. Esa es solamente una parte de las industrias creativas que actualmente hacen parte de la Economía de la Cultura. Las industrias creativas incluyen también todas las formas artísticas de la alta cultura a la popular, como la artesanía, el design, el patrimonio cultural, el turismo cultural, los equipos culturales (museos, teatros, cines), así como el trabajo conjunto de la cultura, el turismo y la educación como forma de llegar al desarrollo sustentable.6


En el Reino Unido la iniciativa de Blair fue exitosa y las industrias creativas del país representan actualmente el 8% de su PIB. El gobierno inglés creó el Ministerio de las Industrias Creativas en 2006, con la intención de tornarse en el polo creativo del mundo con la exportación de sus productos.

Introducción (Televisión y Cultura de Masas)

Introducción

El efecto de la televisión no puede enunciarse debidamente en términos de éxito o fracaso, gusto o rechazo, aprobación o desaprobación. Más bien se debería hacer una tentativa, con ayuda de categorías de la psicología profunda y de un conocimiento previo de los medios para las masas, por concretar cierto número de conceptos teóricos mediante los cuales podría estudiarse el efecto potencial de la televisión, su influencia en diversas capas de la personalidad del espectador. Parece oportuno indagar sistemáticamente los estímulos socio-psicológicos que son típicos del material televisado tanto en un nivel descriptivo como en un nivel psicodinámico, analizar sus supuestos previos así como su pauta total y evaluar el efecto que es posible que produzcan. Cabe esperar que, en última instancia, este procedimiento traiga a luz una serie de recomendaciones sobre el modo de tratar estos estímulos a fin de producir el efecto más conveniente de la televisión. Al revelar las implicaciones socio-psicológicas y los mecanismos de la televisión, que a menudo actúan con el disfraz de un falso realismo, no sólo podrán mejorarse los programas sino que también -y esto es tal vez más importante- podrá sensibilizarse al público en cuanto el efecto inicuo de algunos de estos mecanismos. 

No nos compete la efectividad de uno u otro programa específico, nuestro tema es la naturaleza de la televisión actual y su repertorio de imágenes. No obstante lo cual nuestro enfoque es práctico. Es necesario que las conclusiones estén tan próximas al material y que reposen sobre una base tan sólida de experiencia que se las pueda traducir en recomendaciones precisas y hacerlas convincentemente claras para grandes públicos.  El mejoramiento de la televisión no es concebido primordialmente en un nivel artístico, puramente estético, extraño a las costumbres vigentes. Esto no significa que de entrada aceptemos ingenuamente la dicotomía entre arte autónomo y medios para las masas. Como todos sabemos, la relación entre ellos es sumamente compleja. La rígida división actual entre lo que suele llamarse arte "melenudo" y arte "de pelo corto" es producto de una prolongada evolución histórica. Sería romántico su poner que antes el arte fue puro del todo, que el artista creador sólo pensaba en términos de la coherencia interna de su obra, sin considerar su efecto sobre los espectadores. En especial, el arte del teatro no puede separarse de la reacción del auditorio. A la inversa, vestigios de la pretensión estética de ser algo autónomo, un mundo por sí solo, perduran incluso dentro de los productos más triviales de la cultura de masas. En realidad, la actual división rígida del arte en aspectos autónomos y comerciales es en buena medida, por su parte, una función de la comercialización. Se hace difícil pensar que el lema de l'art pour l'art fuera por azar acuñado en el París de la primera mitad del siglo XIX, o sea, cuando la literatura se convirtió por primera vez realmente en un negocio en gran escala. Muchos de los productos culturales que llevan la marca anticomercial de "arte por el arte" presentan huellas de comercialismo por la atención que prestan al elemento sensacional o por la ostentación ele riqueza material y estímulos sensoriales a expensas de la significación de la obra. Esta tendencia era pronunciada en el teatro neorromántico de las primeras décadas de nuestro siglo.

Fuente: Televisión y Cultura de Masas, Adorno Theodor
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