Thursday, November 15, 2012

Estudio y Comprensión de Textos (laguia2000.com)


Comprender un texto consiste en entender su significado. Pero antes que nada hay que aprender a manejar el libro cuyo texto queremos comprender.

Todo libro de textos incluye un prólogo y una introducción que deberán ser leídos siempre. El prólogo suele incluir una reseña sobre el autor, sus motivaciones para escribir ese libro y sus objetivos. Estos datos nos dan la mejor pista para comenzar a interpretar su trabajo.

La introducción consiste en un resumen del libro, lo cual nos da una idea exacta y breve sobre qué es lo que quiere decir su autor sobre el tema al que se refiere el título.

En el Índice figuran los temas que se van a tratar clasificados con criterios estándares para un mejor desarrollo. Es necesario leerlos detenidamente para aprender a ser pertinente, es decir, para no irse por las ramas y leer solamente lo referente al tema que nos ocupa.

Cada capítulo tiene un título pero también subtítulos. De esta manera, el autor nos está casi ayudando a hacer un cuadro sinóptico del libro si así lo quisiéramos, donde cada título sería una llave que se desplegaría con los subtítulos que a su vez podrían ser llaves para su explicación cada vez más detallada.

Para ejercitarse con la comprensión de textos se comienza primero extrayendo la idea principal de cada frase. Una frase es el conjunto de palabras que termina en un punto seguido y un párrafo es el discurso que se encuentra entre dos puntos aparte.

La idea principal de una frase se encuentra siempre en una palabra clave que hay que subrayar y también es saludable escribirla al margen para que nos sirva como ayuda memoria.

En cuanto a los párrafos el procedimiento es el mismo, pero destacando en los márgenes y subrayando la idea central del mismo.

Los párrafos aclaratorios que no modifican o influyen el texto general podrán ser descartados.

Las frases que figuran en los libros en letra cursiva o negrita hay que memorizarlas. Es importante expresarse de la misma manera en que lo ha hecho el autor con un doble fin, primero conservar el contenido esencial en la memoria y segundo para mejorar nuestro vocabulario, incorporando nuevas formas de expresión.

Se recomienda leer los textos en forma rápida, disminuyendo la velocidad cuando se localicen los conceptos esenciales.

Existe una forma estandardizada de escribir un libro de texto, que es siempre igual. El autor, a partir del título comienza con una introducción al mismo como para ubicarnos en ese universo, para luego continuar explicando con detalles, ejemplos, ideas secundarias, investigaciones o análisis, todo relacionado con su objetivo principal.

Cuanto más capacidad de atención, concentración y comprensión se pueda lograr, menos se tendrá que recurrir a la memoria.

Lo importante de una oración es el sujeto, es decir, aquello de lo que se está hablando. Luego está el verbo que indica la acción. Tanto el sujeto como el verbo indican conceptos que pueden ser importantes y que siempre están relacionados con los títulos y los subtítulos.

Los verbos son importantes porque nos pueden sugerir preguntas: cómo, cuándo, dónde, por qué, para qué, quién, cuál, etc.

El predicado es lo que se dice del sujeto, por lo tanto son las definiciones, las explicaciones, etc.

El concepto global deberá tener entonces, sujeto, verbo y predicado, los cuales redondearán la idea central de cada discurso.

Captar el significado de un texto no es lo único porque es importante relacionarlo con otros conocimientos que ya tenemos de manera de incorporar la información nueve en forma permanente, con el compromiso incluido de nuestra propia opinión sobre el tema.

Involucrarse es la clave para dominar el arte de estudiar y transformar lo aprendido con creatividad.

Es necesario también buscar una utilidad práctica a todo lo que aprendemos, porque aunque nos parezca imposible todo tiene que ver con todo.


Miedo a hablar en público (laguia2000.com)


Tomar clases de oratoria puede terminar con el miedo a hablar en público.

Básicamente, enfrentar al público para el tratamiento de un tema específico exige ser idóneo en la materia, tener algo interesante que decir que incluya algún contenido nuevo e inédito y mostrarse seguro, relajado y tranquilo.

Algunos oradores bien entrenados, utilizan una pizarra donde adhieren un esquema que les sirve como guía, para no saltearse ningún punto que pueda ser importante mencionar. Esta práctica sirve también para ordenar su trabajo y para calcular el tiempo que le demandará la charla, para no extenderse demasiado ni terminar antes de tiempo.

Un orador no tiene que perder de vista el objetivo ni tampoco irse por las ramas; y no debe permitir interrupciones de ninguna clase hasta finalizar la exposición, siendo lo más usual, dedicar la última media hora a contestar preguntas, recomendando a los asistentes no intervenir durante la disertación y anotar sus inquietudes para expresarlas al finalizar la charla.

Es inevitable estar nervioso antes de comenzar una presentación en público; pero es necesario aprender a permanecer relajado, tratando de concentrarse en el trabajo que se está haciendo, confiando en la propia capacidad y sin comprometerse con los resultados.

La mayoría de los actores teatrales, incluso los muy buenos, no pueden evitar el temor al escenario cada vez que se presentan ante el público, pero ni bien se identifican con el personaje logran entregarse de lleno a su trabajo con entusiasmo y sin miedo.

Enfrentar al público es una experiencia similar a la de un exámen de competencia, donde se tiene que demostrar la capacidad para ser aprobado o reprobado, y donde la persona se expone a ser criticada o juzgada.

El miedo no es sólo un estado emocional sino también fisiológico, porque se pueden sufrir palpitaciones, sudoración excesiva, falta de saliva, etc.

Existen algunas técnicas útiles para dominar mejor este estado y mantenerse equilibrado, y convertir estas experiencias en algo divertido y no en una situación generadora de angustia.

Si una persona disfruta de lo que hace se puede concentrar y olvidarse que está siendo observado, porque el orador que agrada al público es aquel que se muestra distendido y no acartonado.

Es necesario confiar en uno mismo y ser espontáneo, tratando de transmitir además de información, entusiasmo y emociones.

La habilidad para transmitir información con elocuencia es un arte que se puede adquirir y dominar, lo esencial es aprender a mostrarse seguro y positivo, elegir los contenidos que sean de mayor interés para el público, ser claro, conciso y dinámico.

La modulación de la voz es importante para distinguir los conceptos esenciales de los detalles y para no aburrir al público con un tono monocorde que invite al sueño.

Las técnicas de relajación nos permiten realizar con anticipación una desensibilización afectiva, que consiste en visualizar la escena temida de enfrentar al público con absoluta tranquilidad y plena soltura. 

No es necesario aprender de memoria los contenidos, ya que la guía dispuesta de antemano ayudará a desarrollar los temas sin tropiezos.

Una norma didáctica de importancia es repetir las ideas centrales y hacer un resumen final de cada tema.

No es recomendable limitarse a brindar información sino que también es importante matizar con ejemplos o anécdotas que hasta pueden ser personales y que permitan crear una atmósfera distendida y un ritmo activo.

La gente está habituada a los recursos de alto impacto en los espectáculos, de modo que una charla puede resultar más interesante si se muestran fotos, diapositivas o ilustraciones novedosas con contenidos alusivos.

Es importante mantener un gesto amable y sonriente, saludar al público con simpatía, sin precipitarse ni mostrarse ansioso.

Es deseable evitar poses forzadas, pues lo mejor es aflojarse y moverse libre y naturalmente; y para comprender mejor lo tratado, dejar al hablar espacios para el silencio.

Ante las objeciones, hay que evitar discutir con el que interrumpa con un cuestionamiento incisivo, aceptando la acotación y señalándole la discrepancia con su punto de vista.

Lo importante es no intentar satisfacer al ego sino lograr la comunicación con el público y disfrutar haciendo esa tarea.


Todo sobre el sueño


El sueño -o su falta- es probablemente el aspecto más discutido sobre el cuidado del bebé. Los padres primerizos descubren su fundamental importancia durante las primeras semanas y meses de vida del bebé. La calidad y la cantidad del sueño de un lactante afectan al bienestar de toda la familia.

Las peleas que giran alrededor del sueño es muy raro que terminen cuando el niño pasa de la cuna a la cama. Solo cambian de forma. En vez de tener que alimentarlo a las 3 de la madrugada, se pasa a las pesadillas y a las peticiones de agua a media noche.

Entonces, ¿cómo conseguir que su hijo se meta en la cama a pesar de sus llantos, gritos, tácticas de evasión y súplicas? ¿Cómo debe responder cuando su hijo le despierta a media noche? ¿Y cuánto necesitan dormir los niños?

¿Cuánto sueño es suficiente?

Todo depende de la edad el niño. Los gráficos que indican las horas de sueño que suele requerir un lactante o un niño de 2 años pueden generar dudas y preocupaciones en los padres, al no tener en cuenta las diferencias individuales. Estas cifras no son más que simples promedios de grupos extensos de niños de edades concretas.

No existe un número mágico de horas requeridas por todos los niños de un grupo de edad en concreto. Sarah, de dos años, puede dormir de 8:00 de la tarde a 8:00 de la mañana, mientras que Johny, también de dos años, está igual de alerta al día siguiente después de dormir de 9:00 de la noche a 6:00 de la mañana.

De todos modos, el sueño es muy importante para el bienestar de los niños. La relación existente entre la falta de sueño y el comportamiento del niño no siempre es evidente. Cuando un adulto está cansado, puede estar irritable y/o tener muy poca energía, pero un niño puede volverse hiperactivo, antipático y presentar comportamientos extremos.

La mayoría de necesidades de sueño caen dentro de un margen predecible de horas según la edad del niño, pero cada niño es un ser único con sus propias y específicas necesidades de sueño.

He aquí algunas cifras aproximadas de horas de sueño en función de la edad, acompañadas de tácticas para favorecer el sueño adaptadas a cada grupo de edad.

Bebés (hasta los 6 meses)

No existe una fórmula para el sueño en los recién nacidos porque sus relojes internos todavía no están completamente desarrollados. Por lo general, duermen o dormitan de 16 a 20 horas al día, divididas por igual entre el día y la noche.

Los padres deben despertar a sus recién nacidos cada 3 o 4 horas hasta que se estabilice su ganancia de peso, lo que suele ocurrir aproximadamente a las dos semanas del nacimiento. A partir de ese momento, no pasa nada si un bebé duerme durante períodos de tiempo más largos. Pero no se ilusione demasiado pronto: la mayoría de lactantes no duermen durante mucho tiempo seguido porque los despierta el hambre.

Pasadas las dos primeras semanas, los lactantes pueden dormir hasta 4 o 5 horas seguidas; esta es la cantidad aproximada de tiempo que sus pequeños estómagos pueden aguantar sin recibir alimento entre tomas consecutivas. Si un bebé duerme durante mucho tiempo seguido por la noche, probablemente querrá mamar o tomar el biberón más a menudo durante el día.

Justo cuando los padres piensan que dormir toda la noche de un tirón parece un sueño inalcanzable, las horas de sueño del bebé empiezan a concentrarse en mayor medida por la noche. A los 3 meses, un bebé promedio duerme unas 13 horas en cada período de 24 horas (4 o 5 horas de sueño durante el día, repartidas en varias siestas, y de 8 a 9 horas de sueño por la noche, generalmente con una o dos interrupciones). Aproximadamente el 90% de los bebés de esta edad duerme más por la noche, durante períodos de 5 a 6 horas de duración.

Pero es importante saber que los bebés no siempre están despiertos cuando suenan como si lo estuvieran; pueden llorar y hacer todo tipo de ruidos durante el sueño ligero. Incluso, si se despiertan por la noche, es posible que solo pasen unos minutos despiertos antes de volver a conciliar el sueño por sí solos.

Si un bebé de menos de 6 meses sigue llorando, usted deberá atenderlo. Es posible que el bebé esté realmente incómodo: hambriento, mojado, frío o incluso enfermo. Pero el hecho de levantar al bebé por la noche para cambiarlo o alimentarlo debería ser un proceso lo más rápido y silencioso posible. No le aporte ningún estímulo innecesario como hablar, jugar o encender la luz. Fomente la idea de que la noche es para dormir. Es usted quien debe trasmitirle esta disciplina y enseñarle a dormirse solo por la noche, ya que a los bebés nunca les importa qué hora es siempre y cuando se satisfagan sus necesidades.

Idealmente, se debe colocar al bebé en la cuna antes de que se duerma. Y no es demasiado pronto para establecer una rutina sencilla para la hora de dormir. Cualquier actividad relajante llevada a cabo con regularidad y siguiendo el mismo orden cada noche, puede formar parte de la rutina. Su bebé asociará esas actividades con la hora de dormir y le ayudarán a tranquilizarse.

El objetivo consiste en que el bebé sepa dormirse de forma independiente y que aprenda a calmarse y a volverse a dormir en caso de que se despierte a media noche.

De 6 a 12 meses

A los 6 meses, un lactante duerme unas 3 horas durante el día y aproximadamente de 9 a 11 horas por la noche. A esta edad, usted puede empezar a modificar su respuesta cuando el bebé se despierte y llore por la noche.

Puede dejar al bebé un poco más de tiempo para que se calme por sí solo y vuelva a quedarse dormido. Si no lo consigue, tranquilícelo sin levantarlo en brazos (hablándole con suavidad, acariciándole o frotándole la espalda) y luego márchese de la habitación del bebé, a menos que parezca enfermo. Cuando un bebé está enfermo necesita que lo levanten en brazos y lo cuiden. Si el bebé no parece enfermo y continúa llorando, la próxima vez usted podrá esperar un poco más para repetir la breve visita a su habitación.

Entre los 6 y los 12 meses, la ansiedad de separación, una fase normal del desarrollo, entra en juego. Pero las reglas sobre cómo reaccionar ante los despertares nocturnos del pequeño seguirán siendo las mismas cuando su hijo cumpla un año. Intente no levantarlo en brazos, encender la luz, cantarle, hablarle, jugar con él ni alimentarle. Todas estas actividades no permiten que el pequeño aprenda a dormirse solo y fomentan los despertares nocturnos.

De 1 a 3 años

En las edades comprendidas entre el primer y el tercer cumpleaños, la mayoría de los niños duermen un promedio de 10 a 13 horas por la noche. La ansiedad de separación o sencillamente las ganas de estar despierto con papá y mamá (y de no perderse de nada), pueden llevar a un niño a no quererse dormir por la noche. Y lo mismo puede conseguir la tendencia a llevar la contra propia de los niños de esta edad.

Los padres a veces cometen el error de pensar que, si mantienen a su hijo despierto hasta tarde, estará más cansado a la hora de dormir. De hecho, a un niño puede costarle más conciliar el sueño cuando está demasiado cansado. Establezca horarios regulares para la siesta y la hora de acostarse por la noche. Aunque la mayoría de niños de esta edad hacen la siesta durante el día, no debe forzar a su hijo a hacerla. Pero es importante que programe un período de tiempo para que se relaje y repose, aunque su hijo prefiera no dormir.

Establecer una rutina para la hora de acostarse ayuda a los niños a relajarse y prepararse para dormir. Para un niño de 1 a 3 años, la rutina puede durar de 15 a 30 minutos e incluir actividades tranquilizadoras, como leerles un cuento, bañarlos o escuchar música relajante.

Independientemente del ritual nocturno que elija, su hijo probablemente insistirá en que sea el mismo todas las noches. Pero no permita que los rituales se alarguen demasiado ni que sean demasiado complicados. En la medida de lo posible, permita que su hijo escoja entre algunas alternativas de la rutina: qué pijama ponerse, qué muñeco de peluche llevarse a la cama, que música escuchar. Estas decisiones darán a su pequeño la sensación de que controla en cierto modo la rutina.

Pero incluso los niños que duermen mejor pueden despertarse y llamar a sus padres por la noche. La salida de los dientes y los sueños pueden despertar a los niños de esta edad. Los sueños activos empiezan en esta etapa y pueden resultar realmente alarmantes para unos niños tan pequeños. Las pesadillas, en concreto, asustan mucho a los niños de esta edad, que todavía no distinguen entre realidad e imaginación. (Por lo tanto, seleccione atentamente los programas de televisión que ve su hijo antes de acostarse, en el caso de que vea alguno.)

Consuele o tranquilice a su hijo, abrazándolo cuando le despierta un sueño o una pesadilla. Permita que le hable sobre el sueño si quiere hacerlo y permanezca a su lado hasta que se calme. Luego anímele a que vuelva a conciliar el sueño en cuanto sea posible.

Etapa preescolar (de 3 a 5 años)

Los niños en etapa preescolar necesitan aproximadamente de 10 a 12 horas de sueño nocturno. Un niño de esta edad que duerma lo suficiente por la noche, puede no necesitar hacer la siesta durante el día. Esta puede ser sustituida por un período de tranquilidad y reposo.

En la mayoría de guarderías y jardines de infantes se establecen breves períodos de tranquilidad, donde los niños se acuestan en colchonetas o descansan de otro modo. Cuando un niño deja de hacer la siesta, su hora de acostarse por la noche puede adelantarse con respecto a la etapa anterior.

Etapa escolar y preadolescencia

Los niños en edad escolar necesitan de 10 a 12 horas de sueño nocturno. Los problemas para irse a la cama pueden obedecer a diversas razones. Los deberes, la práctica de actividades deportivas extraescolares, la televisión, las computadoras y los juegos de vídeo, así como horarios familiares caóticos pueden contribuir a que los niños no duerman lo suficiente.

La falta de sueño puede desencadenar un comportamiento irritable o hiperactivo e impedir que los niños presten atención en clase. Es importante tener un horario regular para acostarse, sobre todo en los días lectivos. Asegúrese de dejar suficiente tiempo a su hijo para que se tranquilice antes de que apague la luz.

Adolescencia

Los adolescentes necesitan de 8,5 a 9,5 horas de sueño por la noche, pero muchos de ellos no las duermen. Debido a que los centros de estudios empiezan muy pronto y a la sobrecarga de trabajos escolares, deberes y actividades sociales y extraacadémicas, los adolescentes suelen tener una falta de sueño de carácter crónico.

Y la falta de sueño se acumula a los largo del tiempo, de modo que una hora menos de sueño por la noche cada día equivale a una noche entera sin dormir al final de la semana. Entre otras cosas, la falta de sueño puede producir:
  • una reducción de la atención
  • una disminución de la memoria a corto plazo
  • un rendimiento inconsistente
  • retrasos en el tiempo de respuesta
Estos efectos pueden provocar mal carácter, problemas en la escuela, uso de estimulantes y accidentes de tráfico (más de la mitad de los accidentes de coche “por dormirse al volante” están provocados por adolescentes).

Los adolescentes también experimentan un cambio en sus patrones de sueño: sus cuerpos desean permanecer despiertos más tiempo por la noche y despertarse más tarde por la mañana, lo que generalmente hace que intenten recuperar el sueño perdido durante el fin de semana. Esta irregularidad en el horario del sueño puede agravar todavía más el problema, haciendo que acostarse a una hora razonable durante la semana les resulte todavía más difícil.

En el caso ideal, un adolescente debería acostarse a la misma hora todas las noches y levantarse a la misma hora todas las mañanas, durmiendo un mínimo de 8 a 9 horas diarias.

Rutinas para la hora de acostarse

Independientemente de la edad que tenga su hijo, establezca una buena rutina para la hora de acostarse que fomente unos buenos hábitos de sueño. Los siguientes consejos pueden ayudar a los niños a tener un sueño nocturno reparador:
  • Incluya un período para relajarse en la rutina.
  • Establezca y cumpla una hora para acostarse, avisando a su hijo dos veces, con media hora y 10 minutos de antelación.
  • Si su hijo es mayor o adolescente, anímele a que siga y mantenga una hora de acostarse que le permita obtener la cantidad de horas de sueño necesaria para su edad.
Revisado por: Mary L. Gavin, MD
Fecha de revisión: enero de 2011

Temor a hablar en público (laguia2000.com)


Hay gente que se bloquea cuando es el centro de atención de un grupo numeroso y esta condición puede limitar su rol profesional y también su vida personal.

Para ese problema, existen técnicas muy eficaces que permiten enfrentar ese temor en poco tiempo y trascenderlo.

La vida actual exige participar en reuniones, intervenir en grupos, proponer ideas o atreverse a decir lo que a uno no le agrada; y lo que todos desean es hablar con voz tranquila y firme sin mostrar inseguridad.

La Programación Neurolingüística puede ayudar a convertirse en un buen orador y a poder hablar en público tan bien o mejor todavía de como lo hacen otros.

Hay algunos errores que hay que evitar, como por ejemplo, usar muletillas al hablar, que no aportan nada pero en las que muchos se apoyan para poder pensar.

Lo mejor siempre será ser natural y espontáneo, diciendo al público todo lo que les ocurre y cómo se sienten, si se dan cuenta que olvidaron algo o si cometieron algún error involuntario

Los conceptos básicos es prudente repetirlos varias veces, en el momento oportuno, para que las personas que escuchan los retengan y puedan aprender de la disertación.

Las pausas demasiado largas aburren al público y si necesitan consultar sus notas no hay que tener ningún escrúpulo y hacerlo con naturalidad.

En toda charla, es importante no perder de vista el objetivo y no irse por las ramas. No es necesario demostrar al público todo lo que saben sino procurar ser pertinente, preciso y principalmente breve.

Si se trata de participar en una reunión, lo mejor es llevar una lista de las cosas que desean decir y participar en el momento oportuno.

Es necesario olvidarse de uno mismo y renunciar al deseo de dar una buena impresión; porque lo más importante es el mensaje que desean dar.

No solamente es útil exponer una idea sino que también es importante señalar los beneficios que puede tener para todos el eventual desarrollo de esa idea.

Si se trata de responder a algo que dijo alguien, se pueden sentir más cómodos si sólo se dirigen a él, como si estuvieran solos y no a todos.

El temor a ser convocado para presidir una reunión no debe ser un obstáculo para hacerlo. No necesariamente el que preside una reunión tiene que decirlo todo; más bien su tarea será la de informar de algunos temas, con la ayuda de otros, coordinar algunas tareas y básicamente deberá escuchar.

Cada uno debe aprender que en una reunión debe decir lo suyo y no utilizar a otros para que lo hagan por él; porque solamente la práctica les permitirá adquirir la confianza necesaria para liberarse del temor al público.

La Programación Neurolingüística propone algunas estrategias útiles.
 
Por ejemplo:

-Visualizar, antes de la reunión, la escena que uno teme, actuando con toda naturalidad, muy tranquilo, confiado y relajado.
 
-Visualizar estar respondiendo sobre lo dicho por alguien en particular como si estuvieran ambos a solas.
 
-Llevar anotadas las ideas y sus ventajas; las preocupaciones y las preguntas.
 
-Pensar que el propio punto de vista lo pueden compartir otros y que la opinión propia también puede ser valiosa.
 
-Si no se tienen ideas no es obligatorio hablar, bastará con escuchar a todos con atención, aclarando las dudas y aportando lo que se desee.

Cuanto más oportunidades de participar en grupos se tengan, menor será el temor de enfrentar a la gente.

El perfeccionismo nos limita, y ser perfectos no es necesario, sólo es beneficioso ser espontáneos, honestos y naturales y si nos equivocamos que sea con elegancia, sin sentir que hemos fallado.

Fuente: “Mientras me miran. Hable en público sin perder la calma”, Xavier Guix.

Aumenta la evidencia de que el ejercicio mejora la salud en la mediana edad (vidaysalud.com)

 
Un nuevo estudio brinda más pruebas sobre cuán saludable puede ser el ejercicio en la mediana edad. Lo mejor de todo es que no hace falta que practiques deportes intensos: caminar a paso ligero, andar en bicicleta y hasta el trabajo en casa y en el patio son actividades capaces de reducir la inflamación nociva y mejorar la salud del corazón.
 
El cuerpo humano no está preparado para permanecer sentado todo el día. Sin embargo, la vida moderna transcurre la mayor parte del tiempo sobre algún asiento. ¿Te has puesto a calcular cuánto tiempo te pasas sin moverte o en plena acción? Dedícate dos minutos a reflexionar sobre este tema y es posible que te sorprendas.

Una vida sedentaria promueve la obesidad  y todas las enfermedades asociadas a ella como el colesterol elevado y la diabetes. Incluso, aunque no tengas exceso de peso, mantenerte activo te permite conservar la buena salud, de tu corazón por ejemplo, o la flexibilidad, para que tu cuerpo pueda responder mejor a las exigencias de la vida cotidiana, como levantar una caja pesada o jugar con tus nietos durante el fin de semana, sin lesionarte o “quedarte rígido” mientras lo haces.

Los estudios siguen encontrando y difundiendo numerosos beneficios del ejercicio físico para la salud tanto para los hombres como para las mujeres de todas las edades. Ahora, un nuevo estudio se suma a las evidencias y ha comprobado que mantener un régimen de actividad física en el tiempo libre durante una década o más podría ayudar a los adultos de mediana edad a mejorar la salud de su corazón.

Según esta investigación, que fue desarrollada por unos científicos del Colegio Universitario de Londres, en Inglaterra, las actividades rutinarias, como caminar energéticamente, andar en bicicleta y hasta hacer los trabajos de la casa o de jardinería de forma vigorosa pueden, con el tiempo, reducir los marcadores de inflamación que permiten explicar la relación entre la actividad física y el riesgo de la enfermedad cardiaca.

Para llegar a estos resultados, que aparecen en la edición del 13 de agosto de la revista Circulation, los investigadores encuestaron a más de 4,200 participantes de 49 años de edad como promedio y les preguntaron acerca de la cantidad de tiempo y la frecuencia con la que practicaban actividades físicas en su tiempo libre. Paralelamente, analizaron la denominada proteína C reactiva y la interleucina 6, dos marcadores claves de inflamación en el cuerpo, al inicio del estudio y luego de once años.

Así encontraron que los participantes que eran más activos tenían marcadores de inflamación más bajos que las personas que rara vez hacían el mínimo recomendado de actividad física por semana, que equivale a unas 2 ½ horas.

Además, los investigadores hallaron que alrededor del 49 por ciento de los participantes cumplía con las recomendaciones estándares de actividad física para mejorar la salud, algo que mejoró luego del estudio, ya que dicha tasa alcanzó el 83 por ciento, y señalaron que los participantes que eran inactivos al inicio del estudio y que se volvieron físicamente activos durante el periodo de análisis también habían reducido sus marcadores inflamatorios cuando se sometieron a la evaluación de seguimiento.

Si eres joven, no esperes a que pase el tiempo para comenzar a disfrutar los beneficios del ejercicio físico. Si ya has pasado la mediana edad, pues tampoco es motivo para quedarse quieto, ya que la actividad física también puede ayudar a conservar la salud de las personas que ya están en la denominada tercera edad.

En síntesis: no esperes más y conviértete también en un nuevo ejemplo que dé testimonio sobre las ventajas del ejercicio para la salud, sin importar cuál es tu fecha de nacimiento.

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